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J Balvin ya no es de Medellín, ahora es del mundo, y su música nos pertenece a todos

Publicado: 23 mayo 2017

Por: Víctor Sánchez Rincones

Ocio Latino-. No quiero hacer una crónica cualquiera. Deseo expresar con palabras las emociones vividas anoche en el tremendo concierto de J Balvin en Madrid. Debo decir que me sentí orgulloso de ser colombiano. Debo agregar que cuando este joven nacido en Medellín salió al escenario me sentí identificado con él por su lucha y entrega. Todo lo que ha soñado se ha cumplido, como si de un manual de vida se tratara.

Si hay una persona que es un ejemplo de superación ese es J Balvin. Se ha labrado a pulso una carrera musical cuando otros sólo miraban hacia Puerto Rico, la cuna del reggaeton. Si Carlos Vives es el patrón del panorama artístico colombiano, J Balvin es el boss de los artistas urbanos de ese país. Pueden existir otros intérpretes, pero Balvin no es copia de nadie y es el original, el auténtico. Cada día se reinventa. Es camaleónico. Su apariencia cambia cuantas veces lo desea. No le teme al qué dirán. No se esconde detrás de mentiras. Lo que siente lo expresa sin temor a la equivocación.

Recuerdo su primera gira por Europa, en la cual tuve la fortuna de compartir con él. Fue una experiencia maravillosa. Estuvimos en Roma, Nápoles, Barcelona y, por supuesto, en Madrid. No fue una gira espectacular y menos triunfal. En ese entonces Balvin había lanzado su álbum “La Familia”, y en España era un total desconocido. Convocar prensa para que lo entrevistaran fue una odisea. ¿Quién es J Balvin? ¿Qué hace? Al responder a los medios españoles que era un intérprete de música urbana nos encontrábamos con la negativa por respuesta. Pocos o casi nadie quería entrevistarlo.

Ahora todo es diferente: ahora todos llaman a su puerta, ahora es un influencer, un artista que marca tendencia, que impone moda. Los programas de mayor audiencia lo reclaman para salir en prime time, es una estrella.

Lo vivido anoche en Madrid es la prueba fehaciente de que estamos ante un artista de talla mundial, que no tiene barreras y que se exprime al máximo con el único objetivo de que sus creaciones permanezcan y se propaguen, que sus ritmos y letras pegadizas resuenen en todos los equipos de música y por extensión en la memoria colectiva. Quería llegar lejos, quería triunfar, y sus sueños se están cumpliendo. El joven paisa ya no pertenece sólo a su tierra, ahora pertenece al mundo y su música es propiedad de todos.


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