En las peligrosas y vibrantes calles norteamericanas del sur de El Bronx de los años 60, el humo de los edificios incendiados tal vez por la codicia de los caseros o los pocos servicios públicos como bomberos en los considerados barrios marginales de la ciudad, no solo traía tragedia, sino que alimentaba el fuego creativo de un joven, hijo de inmigrantes puertorriqueños que cambiaría para siempre la historia de la música latina, por las letras que escribía, que reflejaban historias de la sociedad en que vivía y por un sonido que dio identidad a millones de hijos de inmigrantes. William Antonio Colón, empezó a ser conocido mundialmente como Willie Colón, el «Malo» de la salsa.
La historia de Colón es, ante todo, una historia de raíces preservadas en la distancia. Criado por su abuela Antonia, el joven Willie creció bajo el arrullo de historias de una isla que sentía propia aunque estuviera a miles de kilómetros. Fue ella quien le inculcó el orgullo boricua, una semilla que germinó en forma de trombón y ritmos callejeros.
A los 15 años, mientras Nueva York atravesaba la turbulencia de las luchas por los derechos civiles, Colón ya componía. Su primer tema, ‘Fuego en el barrio’, no fue una fantasía tropical, sino un reporte de guerra de lo que vivía el latino en la Gran Manzana. Como autodidacta, su escuela no fue el conservatorio, sino el ritmo de los tambores que sonaban en las esquinas de El Bronx. Para Willie y su comunidad, la música era un termómetro de seguridaqd: si había rumba, todo estaba bien.
El Sonido del Barrio: La Dupla con Lavoe
A los 17 años, Colón ya era una ficha clave del sello discográfico Fania. Pero fue su asociación con Héctor Lavoe lo que definió una era. Juntos crearon el «sonido del barrio», una mezcla explosiva de agresividad urbana y nostalgia jíbara, un sentimiento arraigado en la cultura boricua tanto en la isla como en la diáspora.
Álbumes como ‘El Malo’ y ‘Cosa Nuestra’ establecieron un lenguaje común para el inmigrante que se sentía ajeno en EE. UU. pero transformado por la ciudad. Quizás su mayor aporte cultural en esta etapa fue ‘Asalto Navideño’, donde Colón tuvo la audacia de introducir el cuatro puertorriqueño de Yomo Toro en la salsa urbana. Fue un acto de resistencia cultural: traer la montaña de Puerto Rico al asfalto de Nueva York, uniendo a dos generaciones de la diáspora a través de la nostalgia navideña.
La Cima Intelectual: Siembra y Conciencia
Si con Lavoe, Willie Colón conquistó la calle, con el panameño Rubén Blades conquistó el intelecto de toda América Latina. El disco ‘Siembra’ (1978) se convirtió en el álbum más vendido de la historia del género, y por una buena razón: dejó de ser música para bailar y se convirtió en música para pensar.
Temas como ‘Plástico’ denunciaban el materialismo, mientras que ‘Pedro Navaja’ elevaba la crónica social a la categoría de literatura musical. Colón, siempre polifacético, demostró que un músico podía ser también un activista, un pensador y, años más tarde, incluso un aspirante al Congreso y Defensor del Pueblo. Su carrera como solista mantuvo esta línea, abordando temas tabú como el VIH en el icónico tema ‘El gran varón’.
Un Legado de 30 Millones de Historias
Con más de 30 millones de discos vendidos y cinco décadas de trayectoria, el legado de Willie Colón trasciende los premios. Su importancia cultural radica en haber validado la experiencia del del inmigrante latinoamericano en general y del «Nuyorican», término con el que definen a los puertorriqueños que viven alrededor de la ciudad de Nueva York y a sus descendientes.
Colón demostró que ser hijo de inmigrantes no es vivir entre dos mundos, sino crear un mundo nuevo a partir de ambos. Willie Colón no solo tocó el trombón; le dio voz a un pueblo que necesitaba gritar sus penas y bailar sus alegrías para sobrevivir a la gran ciudad. Hoy, cuando suena ‘Idilio’ o ‘La Murga’, no solo suena salsa; suena la historia de resistencia de todo un continente.



