Entrevista José Luis Salvatierra
Madrid se rindió ante el ritmo y la energía de Tony Succar. El músico, compositor y productor peruano-estadounidense hizo escala en la capital española para presentar su más reciente trabajo discográfico, ‘Asuccar’, una obra que compendia su visión mestiza e indomable de la salsa. Tras dejar atrás un prometedor futuro en el fútbol y superar duros tropiezos burocráticos en la industria musical, el ganador de dos Latin Grammy se consolida como una de las mentes más innovadoras del género tropical. En esta conversación íntima, Succar repasa desde sus inicios y sus batallas contra los estereotipos hasta las divertidas anécdotas familiares que acompañan su vertiginoso ritmo de vida.
Ocio Latino — Premio, visita a Madrid y un disco nuevo que traes bajo el brazo ‘Asuccar’, una producción muy personal…
Tony Succar — Así es, ‘Asuccar’ es un disco del que me siento sumamente orgulloso. Trae temas de salsa sensacionales, colaboraciones de primer nivel y fusiones que van desde el flamenco hasta la música japonesa, pasando por historias reales sobre la inmigración.
— Hablando de tus orígenes, antes de los timbales tu gran pasión era el fútbol. De hecho, estuviste muy cerca de dedicarte a ello profesionalmente.
Mi pasión siempre fue el fútbol, hasta el día de hoy. De joven llegué a ser campeón nacional escolar en Estados Unidos, pero en esa época la MLS no tenía el desarrollo de ahora y no había tantas oportunidades. Cuando entré a la universidad, el entrenador me dejó en la banca casi todo el año diciéndome que me faltaba fuerza. Eso me cayó muy mal, sentí que no podía avanzar más. Fue entonces cuando mi papá me sugirió audicionar para la escuela de música.
— ¿Ahí cambió todo?
— Al principio no me atraía nada más que el fútbol, pero al entrar a la escuela de música me di cuenta de la enorme pasión que sentía por este arte. Me dije: «Si voy a hacer esto, tengo que hacerlo al 100%». Tuve que dejar el fútbol por completo. Obviamente esa espina siempre queda cuando amas algo, pero la vida te lleva por otros caminos y tienes que dar lo mejor de ti en el rubro que te toque.
— Esa perseverancia te sirvió más adelante. Cuando tu tributo a Michael Jackson fue descalificado de los Latin Grammy por tener demasiadas partes en inglés, ¿no sentiste el mismo desánimo que con el fútbol?
— Fue un balde de agua fría. Le dediqué cuatro o cinco años a ese proyecto, del que estábamos muy orgullosos, y que lo descalificaran por un tema del porcentaje de idioma cuando la esencia musical era 100% latina me bajó muchísimo. En ese momento no quería saber nada de la Academia Latina; sentía que no tenía credibilidad. Luego entendí que no hay organizaciones perfectas y que la industria debe ir adaptándose a un mundo globalizado.
— Al final, tu propia historia es el reflejo de esa globalización: naciste en Perú, tienes raíces japonesas, te criaste en EE. UU. e influencias árabes o españolas por parte de padre.
— Exacto, yo me considero un ciudadano del mundo. Crecí hablando inglés desde los dos años, pero en mi casa mi mamá mantenía costumbres japonesas muy estrictas y mi papá traía sus propias tradiciones. Mi música representa esa mezcla, por eso no tengo límites ni reglas. Nadie me puede decir que mi música tiene que ser 100% en español o que no puedo hacer salsa en japonés. Si tengo raíces niponas, voy a homenajear a mis ancestros. Para mí, la riqueza está en la fusión, igual que ocurre con la cocina peruana y la comida Nikkei.
— En ‘Asuccar’ incluyes precisamente un tema en japonés ¿Cómo nació esa idea si no dominas el idioma?
— No hablo japonés, pero entiendo la música desde el sentimiento. Como decía Quincy Jones, la melodía pura es la voz de Dios; es una magia que te hace sentir cosas sin necesidad de palabras. Mi mamá me cantaba esa canción de niño y me transmitía algo increíble. Para este disco le pedí que la cantara ella, le hicimos un arreglo bellísimo con Marco Sánchez y grabamos la orquestación de cuerdas en Budapest.
— Cómo fue trabajar en un ritmo tropical con el artista español Pitingo.
— Pitingo es un genio absoluto. Es de los pocos cantaores de flamenco capaces de dominar el R&B y el Soul con esa versatilidad, uniendo la escala española con el blues. Grabó su parte aquí en Madrid para un tema donde también canta Nela, una voz privilegiada. De hecho, ya estamos planificando garbar el video en Madrid y luego llevarlo a Miami para terminarlo juntos.
— ¿Se ha puesto en contacto contigo Omer Pardillo quien preserva el legado de Celia Cruz después de ese homenaje que le realizas en tu nuevo álbum?
— Omer Pardillo, ha sido un pilar fundamental. A veces trabajar con los derechos de grandes figuras como Michael Jackson es una burocracia pesadísima, pero Omer fue sumamente generoso. Le presenté la propuesta esperando un «no» y le encantó; nos cedió los derechos de la voz y de la imagen para el video.
— En el álbum hay un tema especialmente conmovedor dedicado a la inmigración.
— Está inspirado en la historia real de Lynn Vances, una peruana que viene de una niñez muy humilde en Chiclayo, sufrió bullying de pequeña y emigró a Nueva York. A base de un trabajo honestísimo pasó de la nada a ser una de las empresarias más prósperas de la ciudad. Su historia refleja la de mis propios padres, que cuando llegaron a Estados Unidos tuvieron que limpiar baños, trabajar en barcos o en la construcción para sacarnos adelante. El mensaje central del tema es que a pesar de las dificultades, «lo bueno viene ya».
— Que piensas que algunos artistas quieran usar chalecos antibalas en Perú el día de sus conciertos.
— Al margen de ser eso algo muy serio te voy a contar una anécdota. ¡Eso fue insólito! Hay mucha preocupación por el tema de las extorsiones a las bandas de música en Perú, pero hay que chambear. Y mi mamá, que siempre quiere resolverlo todo, dijo que había comprado en internet chalecos antibalas para todo el equipo. Cuando llegó el día del show y abrimos las cajas de Amazon, ¡resulta que eran chalecos de 15 dólares!. Eran disfraces de Halloween. (Risas). Trabajar con mi mamá es una locura maravillosa.
— Organizar tus giras, grabar vídeos, responder tus propias redes sociales… ¿no es demasiado desgaste para un solo artista?
Es agotador y por eso me están saliendo canas a los 40 años, pero es la realidad de la salsa hoy en día. A diferencia de la música urbana, que puedes producirla entera en una computadora desde tu casa, la salsa requiere grabar trompetas, trombones, congas, timbales, piano, bajo y coro en un estudio profesional. Sostener a 12 músicos en escena exige muchísimo dinero. Si no supiera gestionar mi contenido y mis redes, no podríamos llenar teatros o como estas actuaciones en Madrid que son dos noches seguidas sin gastar un solo dólar en publicidad. Es mucho trabajo, pero es lo que me toca para mantener viva mi visión.

