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Desahucio de su casa en Vallecas a pesar del muro humano que quiso impedirlo

Adolfo, un peruano que ha trabajado de todo, se queda en la calle con su hija y su nieto de cuatro años

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Vallecas amaneció con otra familia en la calle tras el desalojo de Adolfo, de origen peruano.  Ni el centenar de vecinos frente a su puerta ni la toma pacífica de las oficinas de Caixabank de la Avenida Albufera  lograron frenar al fondo Building Center y todo terminó con cuerpos por los suelos, empujones y multas.

A las 7:30 de la mañana del miércoles el barrio de Vallecas acudió al llamado de  Adolfo. Decenas de chalecos verdes de la PAH Vallekas levantaron un muro humano frente al portal de su vivienda. Sin embargo, dos horas más tarde ese muro humano no fue suficiente y la vulnerabilidad social chocó de frente con los cascos de la Unidad de Intervención Policial (UIP) de la Policía Nacional, convocada para reforzar a la Policía Municipal ante la resistencia vecinal.

Adolfo ha trabajado de charcutero, hostelero, cuidador de mayores y empleado de consultoría. Desde 2017 vivía en este piso tras firmar un contrato informal con un compatriota que regresó a Perú. Hoy compartía el hogar con su hija de 27 años y su nieto de solo cuatro.

Su abogado de oficio intentó detener el lanzamiento hasta el último minuto ante el Tribunal de Instancia de Madrid. El recurso era claro: carecen de alternativa habitacional inmediata, una situación agravada drásticamente tras el despido de la hija el pasado 3 de junio. No sirvió de nada.

Mientras Adolfo hablaba con los agentes frente al bloque que ya no es suyo, el conflicto se trasladó a la Avenida de la Albufera. Alrededor de las diez de la mañana, un centenar de activistas tomó los pasillos de una sucursal de Caixabank.

¿El motivo? Señalar directamente a Building Center, la filial inmobiliaria del banco que adquirió la vivienda de Adolfo y que ha empujado la orden de desahucio. Aplausos, consignas de «Stop desahucios» y «Caixa culpable, gobierno responsable» resonaron dentro de la oficina a plena luz del día.

La Policía Nacional catalogó la protesta como «pacífica» y sin detenidos; los manifestantes abandonaron la sucursal por su propio pie cuando los furgones de la UIP comenzaron a rodear la entrada.

Pasada la una de la tarde, la Policía Municipal daba por cerrado el operativo interno, dejando a una nueva familia en la calle y sin techo donde dormir.

 

 

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