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El gatillazo de Ozuna en su esperado concierto de Madrid

Publicado: 27 julio 2018

Por: Víctor Lenore

Ocio Latino-. No hay muchos conciertos tan esperados como el estreno del puertorriqueño Juan Carlos Ozuna Rosado en España. Pocos artistas pueden presumir de haber llenado el Palacio de los Deportes de Madrid con veintiséis años y un solo álbum grabado. El púbico le respaldó por completo, pero no solo eso, sino que se trataba de una audiencia muy especial: veintipocos años, totalmente entregados y aguardando una de las grandes noches musicales de su vida. Darles lo que pedían suponía engancharle para las siguientes dos décadas en las que -como poco- la música va a seguir siendo el centro de sus vidas.

En este contexto, ¿cuál es la respuesta del autor de ‘Odisea’ (2017), una de las obras mayúsculas de la historia del reguetón y el trap latino? Para empezar, poner la hora de comienzo a las diez y media, cuando en lo normal es empezar a las nueve (mucho más en un día laborable).  A partir de ahí, un show decepcionante muy por debajo de su estatus en la industria.

Ley del mínimo esfuerzo

Primer aviso de que no se tomaba su trabajo muy en serio: el concierto comienza con la canción ‘Odisea’, la emocionante reflexión biográfica que abre el álbum a modo de intro. Ozuna prefiere que suene como vídeoclip en las pantallas, en vez de tocarla y cantarla en directo, que sería lo normal. Ley del mínimo esfuerzo, que se confirmaría minuto a minuto durante el show. No trajo bailarinas, ni coristas, ni rapero de apoyo (viaja con más de 30 personas). Apostó por un concierto de bajo coste más parecido a un autokaraoke que a un espectáculo de primera división. Las pantallas desplegaban un contenido tristón, mezcla de visuales estilo Windows 98 y fragmentos aleatorios de clips. A la banda, la mínima exigible, se la oculta entre las sombras, dejando todo el escenario para el cantante.

El problema es que Ozuna no tienen carisma escénico para compensar. En realidad, ningún superventas es capaz de llenarlo por sí solo. Por eso Luis Miguel trae coristas, músicos de primera y catorce mariachis, Carlos Vives se respalda en una banda impresionante y diversos invitados y Bad Bunny suda durante más de dos horas, mientras Ozuna sale quince minutos tarde, echa el cierre a medianoche y ni se plantea hacer bises. Show de mínimos y cortando algunas canciones, donde la única salida del guión son los gritos de “¿Dónde están las solteras?”

La música como excusa, no como estímulo

También hay que decir que gran parte del público se lo pasó bien.¿Cómo es posible? Cuando pagas un mínimo de 36 euros por la entrada, cuatro por cada caña y sabe Dios cuánto por extras (cena, parking…) es normal que te automotives. Además, la chavalada llevaba ya dos años bailando, enamorándose y sufriendo desengaños al ritmo de las canciones del puertorriqueño, así que cuando lo tienes delante si no disfrutas de la música lo haces de los recuerdos. Dicho esto, se pasan medio show móvil en mano, nadie pide apenas pidió bises yalgunos se marchan a mitad del último tema. Ozuna puede presumir de un repertorio impresionante, con diez canciones por encima de los cien millones de visitas, pero no supo conquistar al público de Madrid (solo al que venía conquistado de casa). El momento más embarazoso fue cuando tuvo que abortar ‘Ahora dice’ -un auténtico temazo, grabado con apoyo de Chris Jeday y J. Balvin- por problemas técnicos. La banda sonaba perfectamente, pero fallaban las bases pregrabadas, que luego se pudieron recuperar. Bajón y gatillazo de libro.

En general, la impresión es la de un directo pobre, previsible y demasiado pregrabado. Se echan de menos más instrumentos reales, más imaginación en los visuales y también a los vocalistas de apoyo. Falta alguien que haga la parte de Natti Natasha en la arrolladora ‘Criminal’ y que asuma las voces de Chris Jeday y J. Balvin en la malograda ‘Ahora dice’. Las ráfagas de fuego y chispas que salían hacia arriba desde los cañones situados frente al escenario pueden valer para animar una feria, pero para salvar un concierto. Ozuna tiene un repertorio de cinco estrellas, con temazos como la romántica ‘Única’, la contagiosa ‘Vaina Loca’, la eufórica ‘Solita’, la siempre fresca ‘Se preparó’ y la arrolladora ‘El farsante’, aunque esta última sonase mucho más intensa cuando la interpretó Romeo Santos hace unos meses en el mismo recinto.

Sobre el escenario, Ozuna reconoce que nunca creyó en esta canción, pero que su entorno le convenció para que apostase por ella. No estaría mal que esas mismas personas le persuadieran que su directo actual merece mucha más inversión y trabajo, ya que estamos ante una de las grandes promesas musicales globales del siglo XXI. Hablemos claro: Ozuna ha aportado algo que el género necesitaba como el llover. Me refiero a que es capaz de dar un toque melancólico y reflexivo al reguetón sin perder pegada ni alegría. Tiene todo para ser un Michael Jackson del pop latino, pero su directo es demasiado plano y barato en el peor de los sentidos. / El Confidencial.


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