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Cuando el Todopoderoso no es exclusividad de la iglesia Católica

Publicado: 3 septiembre 2009
Dios, Alá, Jehova o Ahnsahnghong, en este caso no importa como se le llame al ser Supremo sino la paz espiritual que deja en aquellos que acuden a él. La religión católica es la predominante en Latinoamérica pero muchos ecuatorianos han optado por abrazar otros cultos que los ayudan a vivir el día a día de ser extranjeros en tierra extraña.

La Iglesia Pentecostés además de ecuatorianos recibe a muchas personas de Latinoamérica. Foto: J.C. Saire
  • Escribe: Juan Carlos Saire Arenas
  • “A mí lo que me parece maravilloso de nuestra profesión es que todo no es predecible como parece porque Nereida Gallardo, muy lejos de destrozar a su ex, se siente arrepentida y achaca a las copas el comportamiento que tuvo en Mallorca” chilla María Patiño en su programa “Vaya par” una tarde calurosa de martes.
    Estoy en la sala de Esther Jibaja, quien me ha citado en su casa para hablar sobre su vida dentro del Islam. Al rato aparece ataviada con yibab y un pañuelo negro que le cubre la cabeza. Baja el volumen del televisor y comenzamos la charla. Lo primero que le pregunto es si no se sofoca con estos calores de verano que se cuelan por su ventana. “Algunos prefieren usar gorros o sombreros, nosotros pañuelos, es lo mismo” responde, alegremente. Nacida en Guayaquil pero criada en Quito, Esther lleva diez años viviendo en España. Acude a la Mezquita de la M-30 y cada año cumple con el Ramadán que señala el Islam.
    Antes de que Alá entrara en su vida, allá en Ecuador, dice, no practicaba ninguna religión, pero siempre se sintió atraída por el mundo árabe ya que sus ancestros vinieron de esa tierra, aunque aclara que sus padres eran católicos. Tras descubrir una comunidad que estudiaba el Corán decidió convertirse al Islam. “Antes de abrazar el Islam estudié dos años el Corán porque colmó muchas de mis interrogantes, allí no hay misterios no existe la Trinidad. Todas las preguntas que puedas tener en tu mente tienen una respuesta lógica” cuenta mientras que en el televisor Mariñas y Patiño gesticulan airadamente.
    Contrariamente a lo que se pueda creer Esther -sigue usando su nombre de pila ya que decidió no cambiarlo tras su conversión- cuenta que en Ecuador la gente no la miraba tan extrañada como sí le ha sucedido en España, donde ha sentido rechazo. “Pertenecer al Islam en España es más difícil que en Ecuador porque aquí hay mucho reparo contra esa creencia, en los pueblos latinoamericanos somos más abiertos con los extranjeros y cuando me veían vestida así pensaban que era de afuera”, advierte. El problema que ha detectado en este país que es que casi siempre relacionan a los musulmanes con la gente pobre de Marruecos y “no por ejemplo con los millonarios árabes que van a vacacionar a Marbella”.
    Esther se desempeña como teleoperadora en una empresa en la que no ha tenido ningún problema. Pero al principio, recuerda, algunas compañeras pensaban que era de Marruecos y al aclararles que era ecuatoriana notaba la cara de sorpresa de sus amigas del trabajo. Ella sigue adelante y a través de su mirada se nota la paz que ha encontrado en el Islam. “Ha habido personas que han querido incomodar pero yo les he hecho notar mi posición de manera tajante y me he hecho respetar”, puntualiza.
    Ese problema no lo tuvo nunca Alonso Toapanta, un quiteño que lleva ocho años viviendo en España, seis de los cuales los ha dedicado a la Iglesia Pentecostés Tabernáculo de Alabanza. Allí forma parte del Círculo de Caballeros gracias a los méritos que ha demostrado en todo este tiempo. Él llegó a la iglesia por recomendación de su esposa e hijos quienes, desde Ecuador, lo alentaban a que buscara la palabra de Dios para que deje de sentir la soledad que lo embargaba por tener lejos a su familia. “Antes de pertenecer a la iglesia me sentía solo. Tenía trabajo, dinero, pero siempre a uno le hace falta algo, no estaba completo y Dios me llenó ese vacío, me llenó de paz y amor” señala tras culminar el culto del sábado por la tarde al que ha acudido con camisa y corbata, como suele venir siempre a la casa de Dios.
    El local de la Iglesia Pentecostés se encuentra en lo que antiguamente fue una fábrica abandonada en el Puente de Vallecas que ellos adquirieron para convertirla en un templo sagrado. Allí no cuelgan crucifijos ni figuras de santos sino una gran pantalla que proyecta los versículos bíblicos que el pastor va leyendo. Una cascada artificial forma parte del altar, “ese es el lugar en el que bautizan a los nuevos hermanos”, cuenta Alonso.
    En Ecuador, dice, no conocía la verdad y se aferraba al tradicionalismo, a la religión de sus padres, “pero hay momentos en que uno busca otras cosas”, recuerda. Desde que su esposa llegó a España su fe en el Señor se fortaleció. “Es duro seguir el Evangelio porque uno piensa que va dejando cosas importantes como las reuniones con amigos o el licor, pero eso no es nada comparado con tener la presencia de Dios en nuestros corazones” dice y aprieta con fuerza la biblia que lleva entre sus manos.
    Ese llamado también lo sintió Juanita Victoria para quien, desde que conoció la palabra del Señor, los problemas que tenía en su matrimonio se arreglaron. “Fue Dios quien me guió a la iglesia, yo vivía a dos calle del antiguo local en Oporto. Un día entré y sentí una paz inmensa. Dios arregló mi Matrimonio, me dio armonía, incluso ahora hablo en lenguas angelicales”, explica.
    Para ella pasar de la iglesia Católica a la Pentecostés no significa un cambio de religión sino simplemente “conocer a Dios”, señala, mientras sus hermanos de otras nacionalidades como bolivianos, peruanos, paraguayos, brasileños o españoles charlan una vez que el pastor mexicano Gerardo Guevara ha concluido el sermón del día. Juanita además de acudir tres veces por semana a la iglesia forma parte del Grupo de Visitación que se encarga de ir a la casa de los hermanos nuevos o de los que necesitan la palabra del Señor. “Hay tiempo para todo” responde cuando le pregunto si trabaja. “En el mundo el hombre que no conoce a Dios no tiene tiempo para él, pero tenemos que sacar tiempo para nuestro Señor siempre” dice esta mujer de 48 años y que transmite tranquilidad en sus palabras.
    Quizás el nombre de Ahnsahnghong suene extraño para algunas personas, pero no para Luis, un guayaquileño que pertenece a la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial que señala a Corea como el lugar de la segunda llegada de Cristo Ahnsahnghong, Jesucristo para los católicos. Y aunque he solicitado un permiso especial al misionero coreano encargado del lugar -él me dice que aun está coordinando el permiso correspondiente- acudo a uno de sus cultos y entablo una conversación informal con Luis.
    Según cuenta lleva seis años en España y hace un año que acude a esta Iglesia que conoció gracias a que dos misioneros se le acercaron en la calle y le hablaron de ella. Le llamó la atención la descripción de Dios que le hicieron notar: “En la Biblia, Dios es descrito en plural, y está escrito que Dios tiene una imagen masculina y una imagen femenina. Esto quiere decir que hay un Dios de imagen masculina y un Dios de imagen  femenina”, recuerda.
    Desde su llegada a España no acudía a ningún lugar para dedicar tiempo a Dios. Sin embargo en este último año ha experimentado una sensación de seguridad y tranquilidad ya que estudiar la Biblia le ha dado otra perspectiva de la vida. Confiesa además que como todo extranjero sentía el agobio del trabajo y el desarraigo pero que en la Iglesia de Dios más que amigos ha encontrado hermanos. Al igual que en la iglesia Pentecostés, aquí hay muchos rostros latinoamericanos aunque se entremezclan con las caras orientales de los coreanos que acuden allí ya que la iglesia se fundó en Corea y se ha expandido por diversas partes del mundo. Y aunque ellos no celebran la navidad o el día de acción de gracias, tienen otras siete fiestas que sí las llevan a cabo.
    Voy con Luis hasta el metro, en el camino me habla de La Lección de la Madre, del significado de las nubes, del viento, del día de reposo (los sábados y no domingos) pero en sus palabras al igual que los otros ecuatorianos que contacté para este reportaje siento una inmensa tranquilidad, seguridad, paz. Me alegro por ellos y espero algún día tener su fortaleza para poder encontrar el camino tal como ellos lo han hecho.


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