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Ecuavoley “Queremos más canchas”

Publicado: 2 agosto 2009
Con el calor las canchas de Ecuavoley vuelven a proliferar en diversos distritos ya que es un buen motivo para compartir entre compatriotas. Sin embargo la falta de lugares autorizados hace que se levanten en zonas que muchas veces no reúnen las condiciones sanitarias adecuadas para los asistentes. El pedido del colectivo fue unánime: más canchas para una mejor organización.

Una de las canchas improvisadas en el parque de San Isidro. Foto: J.C. Saire

Este deporte, desarrollado exclusivamente -por el momento- por los ecuatorianos, ya se está haciendo habitual para los españoles que, al principio, no entendían a qué jugaban seis personas (tres en cada lado de la cancha) con una pelota de fútbol y una red muy alta. Tanta ha sido la pegada de esta práctica que en las recientes Fiestas de San Isidro se realizó por tercer año consecutivo un campeonato que fue seguido atentamente por todos los espectadores que se reunieron allí. Ayuntamiento de Madrid, sociedad autóctona y asociaciones de ecuatorianos unidos por el ecuavoley.
Aunque en los últimos tiempos debido a la recesión económica el ecuavoley se practica durante todo el año, el verano es la época en que más personas se animan a salir a demostrar sus mejores levantes. Y a pesar de lo masivo de este deporte en el colectivo ecuatoriano, en Madrid sólo se puede practicar de manera “oficial” en la ampliación del parque San Isidro ya que el ayuntamiento creó, hace cuatro años, cuatro campos para ese fin.
Mayra Viracocha, secretaria de la Asociación Cultural Hispano Ecuatoriana de San Isidro, nos cuenta que hace tiempo el lugar en el que se encuentran las actuales canchas eran un descampado lleno de tierra donde, además de jugar, se vendía alcohol y comida. “Dado el comportamiento de algunos de nuestros compatriotas, hay que decirlo, venía la policía y quitaba la redes”, señala. Fue entonces cuando, apoyada por las asociaciones de vecinos del lugar formaron una propia y junto a ellos solicitaron al concejal de deporte de la zona las canchas. Él accedió pero solicitó también ciertas normas. “No vender comida, no vender alcohol, es lógico porque si uno viene a hacer deporte no va a estar emborrachándose. Queremos que en el barrio los vecinos nos miren de otra manera, antes eran reacios a que pongan las canchas, ahora ya nos miran mejor”, asegura.
Según cuenta Mayra por ese lugar han pasado muchas personas pero al ver que ya no se podía beber ni vender comida han preferido irse a jugar a otro lugar. Otro de los logros de la asociación, resalta orgullosa, es que allí las mujeres también practican el ecuavoley, un deporte que generalmente lo juegan los varones. (Para asociarse pedir información al correo: ahesanisidro(arroba)hotmail.com)
A unos cuantos metros de esa zona, dentro del mismo parque, otro grupo de ecuatorianos se reúne para entregarse a la práctica de este deporte. Adriana Satian, una joven de 15 años quien desde hace 10 años acude al lugar todos los fines de semana, se queja porque el ayuntamiento de Carabanchel no les aceptó la petición que hicieron para crear canchas de ecuavoley en esa zona del parque. Y es que, señala, “las canchas que hay más arriba no son suficientes” ya que en un fin de semana de verano pueden haber allí hasta 50 personas. “Los vecinos se quejan por la aglomeración por eso nosotros pedimos que se haga algo más formal, pero no nos hicieron caso. Pero el problema más grande es cuando viene la policía y nos pide que nos vayamos”.
La falta de canchas para practicar el ecuavoley es un enorme problema, nos explica Rody Rivas, director de la web golazolatino.com y uno de los periodistas que más conoce sobre las actividades deportivas de los extranjeros. “Al igual que el fútbol, el ecuavoley es un deporte muy cercano a los ecuatorianos y como en Madrid nos concentramos muchos, esta práctica ha ido en aumento. Los compatriotas han ido ganando espacios para hacer ellos mismos sus canchas”.
Las autoridades saben que este es un deporte masivo, recalca Rivas, por eso se han incorporado en las fiestas de San Isidro e incluso se ha realizado un mundialito en la cubierta de Leganés. “Creo que la
falta de asociaciones, como las hay para las ligas de fútbol, ha hecho que no se puedan organizar mejor las actividades de ecuavoley”, asegura.
Pero Rody va más allá: “Las autoridades que trabajan por la integración con el deporte no sólo deberían tomar en cuenta el ecuavoley, sino otros deportes. Por ejemplo, hay uno muy parecido que practican los paraguayos y que dentro de poco tendrá las mismas dificultades que pasa el ecuavoley. Hace dos años la Federaligas planteó a la Comunidad de Madrid la construcción de una Ciudad Deportiva para Inmigrantes, para que practiquen sus deportes típicos, pero también para que los españoles lo aprendan. Les pareció buena idea pero luego por cuestiones políticas la cosa quedó en nada”, puntualiza.

Las zonas
En Madrid hay muchas zonas donde se reúnen los ecuatorianos a jugar ecuavoley. En la ampliación del parque de San Isidro, por el metro San Cristóbal de los Ángeles, en Laguna, Villaverde, El Pozo, Aluche o Plaza Elíptica. Debido a que muchos están en el paro ahora no sólo se juega los fines de semana sino también entre semana.

El juego
El ecuavoley consta de tres jugadores
por equipo: el ponedor, el servidor
y el volador. Se juega con una pelota de fútbol y con una red especial colocada a 2,75 m. de altura. Tiene además un árbitro. Se juegan dos partidas de doce puntos aunque se puede jugar otro si hay un empate.
Por la altura de la red sólo se puede sorprender al equipo rival con una buena colocada, es por eso que los partidos pueden extenderse a veces hasta por una hora.

Las apuestas
Además de la venta de alcohol, y de
comida ambulante, las apuestas son
otro de los grandes problemas que se genera en algunos lugares donde se juega el ecuavoley. En nuestra visita
a las canchas de Laguna, Robert, un
ecuatoriano que prefirió darnos sólo su
nombre, nos contó que allí se jugaba
“por dinero” y que las apuestas entre
jugadores pueden ser de 300 euros,
aunque si se trata de jugadores profesionales pueden llegar hasta mil 200 euros. “Pero no sólo los que juegan,
sino también los que vienen a ver hacen
apuestas”, apuntó.

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