El próximo 31 de mayo, las selecciones de
España y Perú disputarán un partido amistoso
en el estadio Nuevo Colombino de Huelva.
Será una gran ocasión para que los peruanos
residentes en este país puedan ver directamente
en acción a su selección, casi un año después de
que esta sostuviera dos enfrentamientos ante Ecuador
en Madrid y Barcelona. Sin embargo, en la formación
peruana faltarán cuatro nombres que -de ser otras las
circunstancias- estarían de todas maneras en el plantel:
Claudio Pizarro, Jefferson Farfán, Santiago Acasiete y
Andrés Mendoza. Los cuatro en clubes de Europa, no
estarán entre los convocados pues cumplen una sanción
de 18 meses impuesta a fines de marzo por la
Comisión de Justicia de la Federación Peruana de
Fútbol.
La historia se inició hace más de medio año. La noche
del 18 de noviembre pasado fue bastante larga en el
Hotel Golf Los Inkas, concentración de la selección
peruana en Lima. En la tarde previa, Perú había empatado
1-1 ante Brasil y algunos jugadores decidieron
celebrarlo a su manera. En diferentes habitaciones,
Farfán, Acasiete y Mendoza armaron fiestas particulares
con compañías femeninas y decenas de botellas de licor. Tres días
después, Perú jugó
ante Ecuador en Quito
y cayó goleado 5-1,
quedando en el penúltimo
lugar de la tabla de posiciones
en las eliminatorias mundialistas.
Lo que hasta entonces sólo
habían sido rumores, se transformó
entonces en ataques directos a los futbolistas
implicados en las celebraciones
excesivas tras el
empate ante Brasil. Se acumularon las denuncias
periodísticas, aparecieron testigos y videos,
y los aficionados -descontentos con los resultados
en la cancha- clamaban por un castigo ejemplar.
La Comisión de Justicia de la FPF investigó
el caso, postergó varias veces su sentencia hasta
que, a fines de marzo, sin entrar en detalles, anunció
un castigo de 18 meses -contados a partir de
noviembre del 2007- para los cuatro jugadores
mencionados.
“El análisis
de la información disponible ha permitido determinar
que existen indicaciones y dudas razonables
respecto a la inconducta en diferentes niveles de
gravedad y, por lo tanto, de responsabilidad y culpabilidad
de los jugadores mencionados”, señala el
comunicado oficial. No se dice expresamente cuáles
fueron las faltas cometidas por los futbolistas, pero se
desprende del tenor del texto que a Claudio Pizarro se
le ha castigado por haber estado al tanto de estas
inconductas y de haberlo permitido siendo el capitán
de la selección.
A pesar de que existen diferentes niveles de gravedad,
a los cuatro se les ha castigado solidariamente
con 18 meses de suspensión y una multa -por primera
vez en la historia- de 20 mil dólares para cada uno.
Los futbolistas tienen derecho a apelar. Claudio
Pizarro, jugador del Chelsea, es el más enfurecido y
está dispuesto “a llegar hasta la FIFA para reparar
el daño tremendo que le están haciendo los dirigentes”,
según sus palabras. Argumenta que
nunca lo llamaron para hacer su descargo, que a
las 11 de la noche estaba durmiendo en su
cuarto y que, por último, “ser capitán no es ser
niñera de los jugadores”.
Jefferson Farfán y Andrés Mendoza no han
declarado a la prensa, pero sus abogados dicen
que también apelarán (a Farfán la fiesta del 18 de
noviembre ya le golpeó el bolsillo, pues la compañía
telefónica Claro canceló una campaña de promoción que
lo tenía como protagonista). Sólo Santiago Acasiete, defensa
del Almería, ha reconocido su falta, y precisamente por eso
también pedirá que se le rebaje la sanción, pues dice estar arrepentido. Como en el caso de los futbolistas
chilenos (ver más adelante), que nadie
se extrañe si los dirigentes dan marcha
atrás y rebajan los castigos. Valgan verdades,
en el caso de Pizarro pareciera que se
están cobrando otro tipo de facturas -su
mala relación con los dirigentes, su escaso
aporte futbolístico- y no sancionando una
falta de disciplina.
Otros casos en Sudamérica
El de los cuatro futbolistas peruanos no ha
sido el único caso de indisciplina registrado
en 2007 en Sudamérica. Es sabido que
-en más casos de los que haría suponer su
condición de profesionales- los futbolistas
que juegan en clubes de Europa toman las
convocatorias para jugar por sus selecciones
en Sudamérica casi como unos días
de vacaciones. En este punto, nadie como
los brasileños. Sólo que ellos ganan.
Después de golear 5-0 a Ecuador en Río
de Janeiro a mediados de octubre,
Ronaldinho, Robinho y Julio Baptista protagonizaron
una larga noche de juerga en
una discoteca de Barra de Tijuca.
El baile que horas antes habían propinado
a los ecuatorianos y la fiesta que habían
desatado en el estadio Maracaná se prolongó
hasta el día siguiente. Tanto así que
Robinho perdió el avión que debía llevarlo
de regreso a Madrid.
Más grave aún fue el caso protagonizado
por cinco futbolistas chilenos en la Copa
América de Venezuela 2007. A inicios de
julio, luego de obtener su pase a segunda
ronda del torneo tras jugar ante México,
los seleccionados Álvaro Ormeño,
Reinaldo Navia, Rodrigo Tello, Jorge
Valdivia, Jorge Vargas y Pablo Contreras
armaron un escándalo en el Hotel Mara Inn
de Puerto Ordaz, donde estaban concentrados,
al irse de copas e intentar sobrepasarse
con las camareras del hotel. Tres
días después, para colmo, Chile fue goleado
por Brasil y el técnico Nelson Acosta
renunció. La Asociación Nacional de Fútbol
Profesional (ANFP) castigó con 20 partidos
de suspensión a los seis jugadores mencionados,
lo que prácticamente los sacaba
de carrera para las eliminatorias mundialistas
rumbo a Sudáfrica 2010. Sin embargo,
al llegar un nuevo
seleccionador -el argentino Marcelo Bielsalos
dirigentes reconsideraron el castigo y
rebajaron la pena a 10 partidos, con lo que
los futbolistas ya están aptos para volver a
vestir la camiseta roja.
Que a nadie le quede dudas de que habrá
más casos de indisciplina en las selecciones
sudamericanas. Por ahora, lo que no
se perdona es el escándalo, sobre todo si
viene acompañado de malos resultados en
la cancha. Un buen triunfo, en cambio,
todo lo perdona ● |