“Siempre
se habla del momento maravilloso en el que te entregan
a tu hijo, pero nunca del antes, de la angustia horrorosa
que
supone esperar una respuesta”, cuenta Ana con cierto
desencanto
en la voz a pesar de que su ánimo es imbatible. “Es
que la adopción
se convierte en un proceso disuasorio, se vuelve tan difícil
y
son tantos los requisitos que mucha gente se desanima.
Tienes
que demostrar que realmente quieres adoptar”, cuenta
Ana.
La de Ana y su marido es la historia de
muchas familias españolas que han decidido
iniciar un proceso de adopción en Colombia
que tarda, en promedio, unos 26 meses, y
cuyos trámites (incluido el viaje a Colombia)
puede costar unos 11.000 euros, según
datos de la Consejería de Familia y Asuntos
Sociales de la Comunidad de Madrid. En los
últimos años este país andino se ha
convertido
en el tercero en volumen de adopciones,
después de Rusia y China. Tan sólo en 2006
llegaron a Madrid 48 niños de Colombia, un
año en el que la región registró una
cifra
récord de solicitudes, 1.691, el mayor número
hasta la fecha. En otras comunidades
españolas la tendencia es parecida, el 90%
de las adopciones son internacionales y
Colombia aparece en los primeros puestos
de países más demandados.
30.000 niños
desamparados
En Colombia hay más de 30.000 niños en
situación de desamparo, según cálculos
de
la Fundación Balms para la infancia, una
entidad española sin ánimo de lucro y con
sede en Vigo que desarrolla programas de
protección a la infancia y que ha sido avalada
como Ecai (Entidad colaboradora de
Adopción Internacional) por el Gobierno
colombiano. Esta fundación calcula que el
Instituto Colombiano de
Bienestar Familiar, organismo
que tramita las adopciones,
atiende anualmente a unos
6.200 niños. Cada año, según
la recién creada asociación
Colombia en mi corazón (ver
despiece), se adoptan unos
5.600 niños en Colombia, de
los cuales aproximadamente
2.800 se van al exterior. Los
países de destino son Estados
Unidos, España y Noruega.
“Llevo
fatal la espera”
Ana dice que desde que se
planteó adoptar tuvo claro que
quería un hijo colombiano.
Niña o niño, porque a los
padres no les está permitido
elegir sexo, edad o color de
piel. “Tengo buenos amigos de
ese país y por el tipo de trabajo
de mi marido he tenido ocasión
de visitarlo varias veces.
Una vez allí te das cuenta que
se trata de una cultura muy
parecida a la tuya y que hay
mucha seriedad en el trámite,
a pesar de que llevo fatal la
espera”, cuenta. “En este
momento tengo un cuarto en
casa preparado para cuando
llegue mi hijo. Aunque no sé
cuándo ocurrirá. Sólo se que
es imposible planear tu vida,
pues no sabes cuándo te van
a llamar para que viajes a
buscar a tu hijo”, dice Ana.
“Todo me conducía
a
Colombia”
Maripaz Galera Romero, gaditana,
también tuvo que hacer
uso de una paciencia infinita
para no desistir en el proceso
de adopción. Después de casi
tres años de larga espera
llegó el ansiado momento en
el que pudo abrazar a
Carolina, que hoy tiene cuatro
años, sabe que su país se
llama Colombia y tiene una
hermana mayor, Andrea, de
siete años, la primera hija de
Maripaz. “Carolina llegó en marzo de 2005.
Lo más difícil
para nosotros fue la recopilación de papeles
porque te piden mucha documentación y
son muchos los requisitos. Yo decidí adoptar
en Colombia porque me veía afín al país
y
porque me gustaba, aunque hubo un momento
en el que pensamos en adoptar a una niña
china. Pero la verdad es que todo me conducía
a Colombia. Hay muchos nexos. Además,
yo soy de Chiclana y cuando voy a Colombia
me mimetizo y soy una cartagenera más”,
cuenta Maripaz.
Su entusiasmo y experiencia en el mundo de
las adopciones la han llevado a formar parte
de la Fundación Balms para la infancia, una
organización que acaba de recibir el visto
bueno como entidad colaboradora en el proceso
de adopciones en Colombia. “En este
momento me dedico a buscar ayuda y fondos
para la fundación”, explica Maripaz. |