Ni lujos ni excentricidades, pese a que es un artista de éxito mundial. Ni siquiera
cuenta con un equipo de seguridad que lo haga inaccesible a la prensa. Todo lo
contrario: la gente que trabaja con él se ha contagiado de la misma aura serena
con la que vive Ricky hoy en día.
En medio de las entrevistas, el cantante dedica por lo menos cinco minutos a tomar energía
del sol. Es parte de la técnica Yoga que lo ayuda a resistir el trajín diario de promocionar
un disco o un espectáculo. El boricua aparece luego con una enorme sonrisa en el
rostro y dispuesto a contestar cualquier pregunta.
Sus inicios en la música, la época en que a los 12 años conoció la fama con el grupo
Menudo, son su punto de partida para el mensaje que quiere transmitir. “En estos
momentos de mi vida estoy intentando capturar y volver a encontrar la pureza que traía
cuando empecé esta carrera. A esa edad me dije: quiero ser un hombre de negocios, ser
el mejor, un gran cantante y para eso tengo que actuar como un adulto. Y dejé al niño
ahí. Hoy vuelvo a él”, explica.
Tras 22 años en la música, muchos éxitos, 60 millones de discos vendidos y una multitud
de premios, hoy el intérprete de María dice no dejarse llevar por ninguna presión y lo único que quiere es “reír, no criticarme tanto ni ser tan exigente conmigo”.
Y su música comienza a reflejar este estado de ánimo. Ricky señala que
nunca tuvo la intención de ser un purista, por eso en sus conciertos y en
sus trabajos más recientes se oyen sonidos de Oriente Medio, africanos,
pop británico y hasta rave. “Las fronteras son para los políticos
y algunos separatistas. En la música no hay fronteras porque ser
purista te limita. Tener la opción de jugar con instrumentos de
tantos países, con respeto y amor, te
permite crear una fusión digna de
ser apreciada por la gente, es fascinante”,
afirma, entusiasta.
El cantante no sólo dedica su
tiempo a mover las caderas por
medio mundo sino que también
realiza viajes humanitarios, ya
sea con su fundación o
como Embajador de
Buena Voluntad de la
UNICEF. En esta faceta
el puertorriqueño es testigo de la miseria del mundo, algo que está decidido a cambiar. “Si yo hubiese sido policía
o arquitecto y me hubiese encontrado con la pobreza que viven los niños en la India, por
ejemplo, hubiera buscado la manera de hacer algo. Porque quien calla otorga. Si no
hablo de este problema me convierto en un criminal más. Esto no es un juego, es cosa de
vida o muerte y mi misión va hasta que yo encuentre la abolición de la esclavitud de la
nueva era”, enfatiza.
Toda esta labor le ha dado, asegura, mucha paz y por eso vive agradecido. En esta
nueva etapa no hay tiempo de pensar en el pasado, en los tiempos de la vida loca –de
los que tampoco reniega, que quede claro–. “Por supuesto que me gustaba lo que hacía
en el pasado, y por eso la gente lo aceptó. Antes la necesidad de ser aceptado era una
parte muy intensa en mí. Ahora estoy más relajado. Agradecimiento es parte de mi vocabulario
diario”.
A sus 35 años, Ricky Martin, ha paseado su arte por la música, el cine, la televisión, el
teatro y todo con mucho éxito. Tras el éxito obtenido, viene el momento de retornar.“¿Qué mas le puedo pedir a la carrera? Hemos logrado cosas muy buenas y lo que viene
en adelante es como el postre ¿no?” (risas). Un postre que consume tranquilo, sin ápice
de superficialidad. No duda en responder cuando le preguntamos:
-También has sido nombrado como uno de los
latinoamericanos más guapos del mundo…
Eso dicen, pero no me interesa. |