“Me gusta mucho que cuando los Testigos
de Jehová me visitan en mi casa, oran por
mi hija durante mucho tiempo y eso me
reconforta por estar lejos de ella” dice
Jackeline Ramírez, una dominicana que
hace 4 años vive en España y que desde
hace unos meses recibe a los predicadores
de esta iglesia, a quienes conoció en
una de las calles de su barrio. “Aún no me
he convertido porque no me han convencido
del todo. Hay cosas que no comparto
con ellos como la prohibición de poder
donar sangre. Sin embargo, no puedo
negar que me gusta que vengan a mi
casa y me dediquen dos o tres horas de
su tiempo”, afirma.
Palabras que reflejan algunas de las razones que motivan a algunas personas a
cambiar o por lo menos acercarse a otras
religiones. Evangélicos y Testigos de
Jehová, entre otras confesiones religiosas,
brindan a sus fieles mucha cercanía y, por
así decirlo, una atención personalizada. En
el caso de Jackeline, por ejemplo, como
aún no se decide a ir a su culto, son los
Testigos de Jehová los que van a su casa
a orar, a conocer más de cerca su vida y
sus necesidades y ofrecerle respuestas
que ella andaba buscando.
Puertas abiertas
Otra de las iglesias que en los últimos años
se ha fortalecido en España es la
Comunidad Cristiana del Espíritu Santo. Ya
tienen 14 iglesias en el país. Sólo en
Madrid tienen siete sedes en las que se
congregan semanalmente cerca de dos mil
personas. Según el presidente y ministro
de culto, Antonio de Francisco Cantúa, el
60 por ciento de quienes acuden son inmigrantes.
En las iglesias ubicadas en zonas
con más población extranjera, agrega, el
porcentaje de nuevos fieles aumenta.“Cuando un inmigrante o cualquier persona
se acerca a esta Iglesia a averiguar sobre
nuestra obra, de inmediato un pastor lo
recibe e inicia un proceso de acompañamiento
y de búsqueda de soluciones a sus
problemas, bien desde lo espiritual o desde
lo material. Lo importante es que sienta
que desde ese primer momento lo empezamos
a tratar como un miembro más de la
familia” dice Cantúa.
La peruana Elsa Zapata hace 15 años que
es miembro de la comunidad del Espíritu
Santo. Bautizada en el catolicismo en su
país de origen, explica el cambio. “Vine a
esta comunidad cristiana en busca de
ayuda porque tenía una crisis de pareja y
la encontré. No me convertí de la noche a
la mañana, pasó un año, tuve recaídas,
pero luego de entender desde la fe tomé la
decisión de convertirme con libertad. Mi
esposo vio a una mujer nueva en mí y
nuestros problemas terminaron”.
En el caso de esta peruana, su esposo respeta
su credo religioso aunque él siga confesándose
católico. Antonio de Francisco
asegura que en su iglesia “las personas
son libres de decidir si quieren o no formar
parte de la comunidad. Nunca se les pide
que abandonen su religión”.
Consuelo y atención
Vivir lejos de la familia crea conflictos tan
difíciles que, como dicen los creyentes,
sólo Dios puede resolver. Nayibe Llerena
es de Ecuador. Hace dos años consiguió
una oferta de trabajo con una cadena de
peluquerías española y viajó dejando a su
hijo de 14 años a cargo de su abuela. Hace
unos meses se enteró que él estaba consumiendo
droga y se sintió impotente y aterrorizada.“Cuando colgué el teléfono, sólo
se me ocurrió salir corriendo a la parroquia
de mi barrio pero estaba cerrada porque
no era la hora de la misa ni de las confesiones”,
recuerda.
Desconsolada se sentó en la silla de un
parque a llorar y ocurrió lo que ella llama
el milagro. “De repente llegó un grupo de
personas con tambores, cantando, saltando.
Cuando la bulla cesó una joven ecuatoriana empezó a cantar y a danzar a Jesús. No puedo
explicar que pasó pero sentí una paz inmensa. Una señora
se me acercó y me invitó a visitar la iglesia evangélica
El Buen Pastor y así lo hice el siguiente domingo”.
Nayibe asegura que al comienzo vivió una lucha interna
muy fuerte, porque proviene de una familia muy católica.“Cuando vine a la iglesia evangélica por primera vez me
sentí muy acogida por todos, se interesaron por mis problemas
y me ayudaron con oración. Yo no podía orar con
la misma devoción, ni alabar a Jesús de la misma manera
que ellos lo hacían, hasta que empecé a escuchar los testimonios
de otras personas y aprecié la obra de Dios en
nuestras vidas”.
Ofertas para todos los gustos
Las iglesias no católicas crean permanentemente estrategias para
atraer nuevos miembros. Es el caso de la Comunidad Cristiana del
Espíritu Santo, sus programas llevan nombres llamativos como Pare
de sufrir, Familia unida o Cambia tu suerte.
La mayoría de estas iglesias realizan obras sociales entre los más
necesitados, como la entrega de alimentos y de ropa. Y organizan
además actividades participativas que atenúan la soledad del inmigrante.
En El Buen Pastor los domingos, día de culto, las actividades
empiezan a las diez de la mañana y finalizan a las dos de la tarde,
incluyendo la liturgia, enseñanza de los textos bíblicos, relaciones
humanas y otras.
¿Un negocio?
Antonio de Francisco Cantúa rechaza los calificativos de secta o de
hacer de la iglesia un negocio. Lo de secta no es cierto, afirma tajantemente, mostrando
su registro ante el Ministerio de Justicia de España y lo de negocio, menos. Alega que por
ahora en España sólo la Iglesia Católica recibe subvención del Estado y por eso “las
demás no pueden menos que sobrevivir con las ofrendas y diezmos que voluntariamente
quieran dar los miembros de su comunidad”.
Se les llame como se les llame, lo cierto es que cada vez son más los conversos y el
número de templos de estas iglesias en España, en tanto el catolicismo pierde cada vez
más fieles. |