El pasado 10 de junio, una madre llegaba preocupada a una
clínica en Santiago de Chile y se quedó toda la noche y el día
siguiente cuidando a su hija, aquejada por una súbita trombosis
cerebral. Normal, diría uno. No tanto, porque la madre es nada
menos que la presidenta de Chile.
Una vez más, Michelle Bachelet mostraba el rostro femenino de la
política: sin dejar de gobernar, ejercía como madre. Al día siguiente
del internamiento de su hija, suspendió sus actividades oficiales
para estar junto a ella. Pero al subsiguiente, tomó un avión para
participar en la XVII Cumbre Presidencial Andina, que se realizaba
en Bolivia.
Distintos personajes de la política chilena se acercaron hasta la clínica
para acompañarla. Hicieron declaraciones sobre el temple de
la presidenta. Los varones chilenos se van acostumbrando a ser
gobernados por una mujer. Atrás quedó el momento en que un
periodista la preguntara a Bachelet, recién elegida jefa de Estado,
si no se sentiría sola al ocupar La Moneda, casa de gobierno chileno,
sin un compañero. “Sin un cariñito”, dijo. Sin titubeos, la presidenta
le respondió que le preguntaban eso por ser mujer, “¿por qué
no le preguntan lo mismo a los ministros varones, a ver?”.
Machos y machistas
No pues, a los varones no les preguntan eso.
Ahí está, por ejemplo, el presidente de
Bolivia, exhibiendo sin complejos ni preguntas
incómodas su soltería. Si tiene que llevar
a una mujer como Primera Dama, llama por
teléfono a su hermana y punto. Si Michelle
Bachelet quiere ir acompañada a alguna
recepción, va con su hijo, a quien la prensa
de su país llama “el Primer Damo”.
Anel Townsend, ex congresista peruana, ex
Ministra de la Mujer y hoy consultora en el
tema género (estudio de los roles sexuales)
del Banco Interamericano de Desarrollo
(BID), afirma que el lenguaje es un arma
usada contra las políticas que denota el
machismo de quienes lo ejercen con este fin.
Recuerda, por ejemplo, que a Lourdes
Flores, ex candidata presidencial –en las últimas
elecciones quedó en tercer lugar- llegaron
a decirle “solterona” y también hubo
quien le sugirió que abra una peluquería por
no ganar las elecciones.
Para sorpresa de los hombres, las políticas
aprendieron a responder. “A ti qué te importa”,
le dijo Lourdes Flores al periodista Jaime
Bayly cuando éste le preguntó en una entrevista
televisiva si es virgen.
Hoy, Sarcozy gobierna Francia. Y Lourdes
Flores no abrió una peluquería, más bien fue
invitada a ejercer como rectora de una prestigiosa
universidad peruana.
Jóvenes y atrevidas
Pese a todas las resistencias, hoy las mujeres
participan más en puestos de decisión.
Según el último informe del BID en este
tema, en los Parlamentos de América Latina
y el Caribe, la presencia de la mujer aumentó
del 7.5% del total de representantes en 1990
a 16.4% en el 2006.
Cada una le pone su aporte particular al quehacer
político. Gabriela Pérez del Solar,
“Gaby”, llegó al Congreso después de una
exitosa carrera en el vóley y como empresaria
hotelera. Además es una ex migrante,
vivió 17 años en Italia y decidió regresar al
Perú hace 3 años, cuando descubrió las
maravillas de su propia tierra y decidió abrir
un hotel en Cusco.
“No quiero aprender la política como los políticos
son, yo quiero ser como soy, dar a las
personas no un discurso político sino un discurso
de corazón, yo siempre he sido así.
Soy política pero no me considero una política
convencional”, afirma.
Convencional no es. La abordamos un viernes,
cuando no hay sesiones de pleno en el
Parlamento peruano, y por eso, se justifica,
está en vaqueros y botas. En su caso, salirse
del molde va más allá de la forma de vestirse,
aunque podría ser modelo.
Le tomó tiempo decidirse a postular al
Parlamento. “La gente en el Perú nos reconoce
en las calles, nos quieren, porque le
dimos alegría al país en una época muy dura,
con mucha tristeza, pobreza y terrorismo.
Cuando me invitaron a participar en política
me pasé dos, tres meses pensando y al final
dije ‘por qué no’. A mí me gustan los retos,
yo no voy a cambiar. Fue un reto para mí,
porque aparte de políticos buenos, tradicionales,
con experiencia, se necesita gente joven,
responsable, gente que no necesita de la
política para vivir”.
La gente la sigue reconociendo en las calles,
y pidiéndole autógrafos. Pero hoy en Perú,
un país cuyo Parlamento está muy desprestigiado
por sucesivos casos de corrupción,
también hay quienes piensan que, si personas como Gaby Pérez del
Solar están en política, tal
vez ésta no sea tan mala
como se piensa.
Adiós al Club de Tobi
Los referentes son importantes.
Lo dice Diana
Miloslavich, dirigente del
Movimiento Feminista Flora
Tristán, al evaluar la participación
de la mujer en la política
latinoamericana en losúltimos 20 años.“Hoy los niños y niñas ven
televisión y ven figuras femeninas
y masculinas actuando
y opinando, abren un periódico
y lo mismo. Es que ya se
acabó el Club de Tobi,
hemos avanzado”. Aún falta
para llegar a metas más
ambiciosas, como la paridad),
precisa. Pero estamos
en camino.¿Leía Ud. “La pequeña Lulú”
cuando era pequeña (o
pequeño)? Recuerda el
Club de Tobi, aquél al que no
podían entrar las niñas?
Pues bien señores, la noticia
es que ése club no va más.
Ayudaron mucho a dejar
atrás ese exclusivo club de
hombres, es decir, la política
solo para hombres, las leyes
de “discriminación positiva”,
como la Ley de Cupos en
Argentina, o la llamada Ley
de Cuotas en el Perú. Estas
obligan a los partidos a
incluir un determinado porcentaje
de mujeres en las listas
para elecciones.
Duras de matar
La participación política las
ha enfrentado a tareas que
tal vez no hubieran imaginado
antes.
Anel Townsend recuerda
como uno de los momentos
más difíciles de toda su
carrera parlamentaria aquél
en que un sacerdote le pidió
que lo acompañara a convencer
a los reos de un
penal declarados en huelga
hambre a levantarla. Habían
sido Injustamente acusados
de terrorismo y no creían en
que el Estado revisaría sus
casos. Como periodista, ella
había ingresado antes a un
penal, pero nunca como congresista
encargada de una
tarea tan delicada, y menos
con una barriga de seis
meses de embarazo.
Pero lo hizo y convenció a
los internos. Luego batalló
contra la dictadura de
Fujimori en el Perú, y para
que se investiguen sus crímenes
cuando llegó el
gobierno democrático. Las
mujeres, no se crea, pueden
ser también duras de matar,
si el momento lo exige.
Falta recorrer un trecho para
lograr la paridad, la equidad
total, pero se ha avanzado.“Nosotras somos hijas de la
primera generación de mujeres
que votaron, las niñas de
hoy tienen otros referentes”,
resalta Miloslavich. regúntele
a su hija qué quiere ser de
grande. Más de una va a
responder, para orgullo de
todas las que abrieron este
camino: “Quiero ser
presidenta!” |